Mis 500 Locos (2020), dirigida por Leticia Tonos Paniagua

Actualizado: 10 de nov de 2020


Un paso alentador en la industria del cine Dominicano

Basada en la novela histórica homónima escrita por el Dr. Antonio Zaglul, esta película pone en evidencia la dificultad que afrontaba el sistema de salud dominicano a mediados del siglo XX, en plena dictadura Trujillista. Tristísimamente, esta dificultad sigue vigente hoy en día y Leticia Tonos señala esta realidad con una obra que sin lugar a dudas supone un paso hacia adelante en el cine dominicano.


Si bien es un acierto, la película no logra desprenderse del rudimentarismo autoral que parece encontrarse en la gran mayoría de las películas dominicanas (ojo, no todas). Este rudimentarismo se esconde detrás de la belleza estética proveniente de los años de formación y experiencia técnica que los profesionales criollos del audiovisual han ido acumulando a lo largo de los años y años de trabajo en la publicidad audiovisual.


Como ya he indiciado, este film cuenta con una belleza proveniente de la fotografía y el diseño de producción que no tiene nada que envidiarle a cualquier producción Hollywoodense. Los vestuarios y el maquillaje no se quedan atrás, logrando llevarte a una época y a una realidad que no siempre es bonita de ver, la realidad de los marginados, de los olvidados. Esos que Antonio Zaglul trata como seres humanos enfermos en vez de tratarlos como parias inservibles como una gran parte de la sociedad, aún en el año 2020, los ve.


Hay varios aciertos actorales que logran cargar algunas escenas de un algo que da gusto de ver, esto sumado al trabajo musical logra cargar las escenas de una energía emotiva que realmente te mueve.


Profundizando en lo actoral, hay una dificultad que varios actores han tenido que superar para poder llevar adelante a sus personajes: actuar de "loco". Y es que es muy fácil caer en la trampa de pensar que los enfermos mentales no están de alguna manera presentes en el aquí y ahora, así como es muy fácil asumir que todos los enfermos mentales padecen del mismo mal, por ende catalogando como "locura" a todo lo que no se asimile a la "normalidad" en el contexto del comportamiento humano.


No me voy muy lejos, cuando le comenté a mi madre que iría al cine a ver esta película ella se emocionó y me dijo "ese era mi libro favorito cuando era chiquita". Resulta que Antonio Zaglul era amigo de mi abuelo y regaló a la familia más de una copia de libro, cada copia con su correspondiente convocatoria. Luego de relatarme esto, con más lujo de detalles que no vienen a lugar en esta entrada, mi madre añadió "el Doctor Zaglul estaba más locos que los locos del manicomio, porque a quien se le ocurre ponerse a eso en aquella época". Fíjense ustedes, el mero hecho de trabajar con enfermos mentales ya de por sí implica la "locura". Espero que esta película sirva para abrir el tema de conversación un poco más en nuestro país.


También se toca otro tema que parece haber sido parte de la cultura de esta media isla desde hace más tiempo del que quisiera: la realidad que afronta un profesional estudiado. Una realidad que suele devenir en un choque de fuerzas capaz de desalentar a la persona más optimista, ese desaliento se convierte en el cáncer que carcome lentamente a nuestra sociedad.


Esta realidad, relatada en su momento por Zaglul y traducida al cine por la directora, consiste en la falta de formación del personal técnico de prácticamente todas las áreas profesionales. Utilicemos la película como ejemplo.


Los enfermeros les inyectan trementina a los pacientes agresivos para inmovilizarles, evitando así potenciales ataques que puedan poner en riesgo la integridad de los que trabajan en el manicomio. El fin es algo comprensible, yo no quisiera que mi integridad física se viera comprometida en mi lugar de trabajo, sin embargo el medio es más que dudoso. Zaglul, recién designado director del centro, informa a los enfermeros que (parafraseo) "los pacientes están ahí para ser tratados por sus males psicológicos, no por los males causados por el personal". Tenemos que preguntarnos, ¿Por qué el personal del manicomio inyecta trementina? Pues porque es lo que tienen a mano y saben que funciona, es así de simple. No tienen ni el conocimiento médico, ni las herramientas (y ni me pregunten por el presupuesto) para poder llevar a cabo sus funciones de una manera segura para ellos y para los pacientes. Inclusive hay parte del personal que ni siquiera sabe escribir, y que fácil sería culparle a él de no haber aprendido de pequeño, pero cada uno se desarrolla en la realidad que se desarrolla y esa persona no tuvo la oportunidad de aprender en su momento. Esta realidad es también parte de la falta de formación del personal, sea cual sea la razón de esta laguna.


Allá en los años 50, Antonio Zaglul, catedrático y doctor graduado en Europa, llega para hacerse cargo del psiquiátrico de Nigua, un lugar donde sus títulos no tienen valor alguno. Lo que se valora en esa comunidad es la habilidad que coloquialmente se conoce como "resolver", la capacidad de trabajar con lo que se tiene a mano en el momento, por más poco que sea. Y, así como le sucedió al protagonista, le sigue sucediendo a varios profesionales que llegan con todo el conocimiento teórico para afrontar cualquier situación, chocando con la realidad dominicana: en este país lo que se hace es "resolver".


Recuerdo una vez, cuando un productor preguntándome sobre mi recorrido académico me dijo "muy bien, has estudiado mucho, ahora ve pégate el título en la frente y sal a buscar trabajo". En República Dominicana no se valora el conocimiento teórico porque hay otro tipo de habilidades y conocimiento que tienen más valor a la hora de desempeñar un trabajo. Esto es un problema cultural que se ha venido mejorando, pero que no deja de ser un problema cultural y por ende se va mejorando a una velocidad muy lenta.


¿Por qué es un problema? Porque de seguir valorando el chapuceo y el "resolver" seguiremos teniendo presupuestos reducidos, total los problemas se resuelven con poco dinero y con lo que se tiene a mano. Porque de lo contrario seguiremos teniendo técnicos que no tienen la capacidad de afrontar situaciones de trabajo en el día a día, pero claro, estamos hablando de una reforma educacional a un nivel terciario, lo cual tampoco es cosa fácil. Porque debería de ser un derecho del trabajador el tener acceso a herramientas de trabajo en condiciones.


Podríamos seguir enumerando razones y mientras las enumeramos no podemos dejar de pensar en que seguimos siendo una media isla latinoamericana, por ende un país pobre. No hay respuesta ni solución fácil, de lo contrario no habría problema alguno, supongo.


Puede parecer ridículo que casi 70 años después de los eventos relatados en el libro, se hace entonces "Mis 500 Locos", película que nos hace decirnos a nosotros mismos "eso sigue pasando". Esto es algo muy positivo pues significa que Tonos ha logrado crear un espejo en el cual nos reflejamos como sociedad, dándonos la oportunidad de vernos y autoevaluarnos.


Por supuesto, con el cine local aún en proceso de maduración (sobre todo artística) es inevitable que esta obra careciera de algunos detalles que terminan jugándole en contra.


Primeramente, el metraje. No era una historia de 90 minutos y la historia sufrió mucho debido a esta limitación temporal. Quedaron muy en evidencia, en más de una ocasión, las elipsis que tuvieron que ser decididas en la sala de edición, las que crean ciertas lagunas en la causalidad del relato y que confunden e incomodan al espectador. Espero que sean elipsis que surgieron en postproducción, porque de lo contrario sería una falta grave de guion, pero prefiero tener fe en nuestros guionistas y pensar que ese no fue el caso.


Asumiendo que surgieron en la sala de edición, es algo que cualquier persona que ha pasado por la experiencia de crear y desarrollar un producto audiovisual ha experimentado y comprende. Yo mismo me he visto en esa difícil posición donde la versión de montaje ideal sobrepasa el límite de tiempo y hay que empezar a cortar un poquito de aquí y un poquito de acá... Pero algo se tiene que ir porque hay un límite de tiempo no negociable, por más que la película pierda un poco de fuerza. Creo que con algunos 10 o 20 minutos más se pudo haber logrado un producto más redondeado.


Bien pudiendo ser por un asunto de tiempo, o bien pudiendo ser por otras razones, hay escenas que se rodaron de una manera demasiado simple. Supongo que se contó la historia, pero la capacidad de contar la misma escena utilizando algo más que un plano amplio estaba ahí, queda demostrado con todas las escenas que cuentan con una puesta de cámara interesante. A esto me refería cuando hablaba de rudimentarismo autoral, a las escenas que parecen más un comercial o spot publicitario que una escena de un largometraje.


Esto no necesariamente es un problema. Si vemos, por ejemplo, el largometraje "Colours" (2019), de Luis Cepeda, prácticamente todas las escenas parecen comerciales. Si estamos hablando de que toda la película parece un comercial, pues estamos hablando de un estilo, pero si la mitad de las escenas parecen un comercial y la otra mitad no lo parece es menos probable que se trate de un tema estilístico del autor.


En lo que a actores se refiere, hay un poco de todo. Hay momentos donde los intérpretes resaltan por razones positivas y hay otros momentos en los que lo hacen por la razón contraria. En más de una ocasión los actores se ven limitados por la puesta en escena, en otros momentos parecerían necesitar algo de coaching actoral o dirección de actores. Por lo menos nunca se vio el caso de un actor que no pareciese saber cuales eran los atributos de escena o su rol en la escena. Sí apareció, en más de una ocasión, un extra o personaje con poco tiempo en pantalla que tenía que hacer de paciente del psiquiátrico que recurría a su experiencia como bailarín o bailarina, cosa que no encajaba con el tono de la película, pero ya esos son detalles que me incomodan y que puede que a alguno no le moleste tanto.


Luis José Germán hace un buen trabajo, logra comunicar lo que siente el Dr. Zaglul incluso cuando la puesta en escena no le favorece y la actuación de Jane Santos termina cayéndose por algo que no termina de cuadrar con sus diálogos, como si la manera en la que maneja el leguaje no encajara con el resto de la obra. Quizás por intentar demostrar que su personaje pertenece a una clase social diferente a la de los enfermos del manicomio. Es algo que se vio empeorado debido a que partes de sus diálogos parecen ser doblados, de esos doblajes que cantan demasiado, lo que hace que se remarque aún más el lenguaje fuera de lugar.


Pavel Marcano tuvo escenas muy buenas y escenas muy deplorables. Me parece que tiene cierto problema cuando su personaje no es la vía de acción de la escena. Cuando no tiene el poder ni es el que lidera en la escena, su actuación se siente débil, carente de potencia. Ahora bien, cuando tiene el poder en la escena, da en la marca y resalta como actor. Este es uno de los casos donde una dirección de actores, o en su defecto coaching actoral, hubiese servido para reforzar las áreas donde Marcano se quedaba corto.


En resumen, no es una gran película, pero se nota el esfuerzo que el equipo invirtió en la realización. "Mis 500 Locos" tiene más valor como pieza de crítica social, como pieza de valor histórico y como un paso en la dirección correcta para el cine dominicano que como obra de arte. A nuestro cine le queda aún mucho camino por recorrer, pero esta es en definitiva una señal alentadora. Tenemos el talento técnico, ahora cosechemos el talento artístico.


Jorge Gadea



Ficha técnica:

(según IMDB a la fecha de publicación)


Título original: Hereditary

Fecha de estreno: 15 de Septiembre 2020 (New York Latino Film Festival)

15 de Octubre 2020

Director: Leticia Tonos Paniagua

Género: Terror, suspenso psicológico

Protagonistas: Luis José Germán, Jane Santos, Pavel Marcano

Guionista: Lenin Compres, Waddys Jaquez

Basado en el libro "Mis 500 locos" de Antonio Zaglul

Productores: Joaquín Alfredo Labour-Acosta, Rafael Elías Muñoz,

Marcos E. Peña, Julissa Reynoso, Leticia Tonos

Fotografía: Luis Enrique Carrión

Edición: Teresa Font

Diseño de Producción: Lorelei Sanz

Dirección de Arte: Patricia Duarte

Diseño de Vestuario: Nesmary Lopez

Casting: Miguel Fernandez, Edna Lerebours

Idioma: Español

Duración: 127 minutos


Productoras y Distribuidoras


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