Musarañas (2014), dir. por Juanfer Andrés y Esteban Roel


La interminable batalla entre la violencia y el confort


En el espíritu de la total transparencia, ambos directores, así como varios miembros del equipo técnico y creativo, han sido profesores, amigos y compañeros de trabajo de quien escribe. También llegué a trabajar en varios spots publicitarios de la campaña publicitaria online de esta película, en calidad de eléctrico. Que cada quien saque sus propias conclusiones a partir de esta información. Dicho esto, comencemos.


"Musarañas" es una película que respeta las normas y la estructura del género, por momentos siendo muy original y por momentos quedándose corta y cayendo dentro de algunos de los clichés típicos del terror. Es irrefutable la existencia de un muy marcado espíritu ideológico que deja clara la posición de los autores frente a los temas tratados a lo largo de la película, que no son pocos, pudiendo llegar a ser una obra controversial dentro del contexto del subtexto que se lee entre líneas.


La trama es bastante simple, sin dejar de ser interesante, y la riqueza del subtexto eleva el discurso de la obra, posicionándola por encima de una película de terror cualquiera. No solamente siendo interesante lo que se deja entredicho, si no también como es tratada la parte entredicha del discurso: mediante los personajes y sus historias personales. Más allá de ser un film de terror que trata de darte un par de sustos, estamos frente a un par de autores queriendo contar algo a través de un medio artístico, en este caso en particular, una película.


Debo mencionar el gran elenco que se presenta en pantalla, casi ni se tiene que decir nada, los nombres y el trabajo de cada uno hablan por sí solos. Nombres como Macarena Gómez, Luis Tosar y Carolina Bang. Sobre todo Macarena, que se llevó una nominación al Goya por su labor. En fin, sobra decir que nadie decepciona, el nivel actoral está exactamente donde uno esperaría al ver el elenco: por los cielos.


Técnicamente sucede lo mismo. Más allá de un par de momentos del montaje que me chocaron un poco, estamos hablando de una realización por la regla. Esto deja entredicho algo que viene siendo obvio luego de la introducción que he dado. Los equipos artísticos y técnicos venían sabiendo de antemano que no se trata de una película donde los tecnicismos de la realización deben elevarse para hacer que la obra brille, la obra brilla por sí misma desde la conceptualización de las ideas que luego serían ejecutadas por el elenco.


Recuerdo puntualmente una anécdota de Juanfer en la que contaba cómo se planteó la idea de hacer un agujero en una pared para lograr un plano, de esos que son más capricho que necesidad (el decorado es natural, un apartamento alquilado y que tenía que ser devuelto en buen estado al dueño). La idea fue desechada, no sin ser ponderada y discutida en muy muchas ocasiones, porque no se justificaba el gasto económico que conllevaba derrumbar y reconstruir una pared, además de que había poco dinero en las reservas de la producción. Esa fue la decisión correcta puesto que no hace falta tener un super plano que desafíe las reglas de la física cuando se tiene un guion y un elenco como el que se tuvo en este caso.


Sí hubo algo muy curioso que me llamó mucho la atención y que nunca había ponderado hasta ahora. Alex de la Iglesia presenta, es decir que produjo la película. Esto se nota y quizás se nota demasiado. Por momentos sentí que veía una película dirigida por de la Iglesia.


Puede parecer un cliché, pero soy de los que creo que cada director o directora tiene que (y debe) encontrar su voz como artista y crear un estilo propio. No se necesita más de 10 o 20 segundos para darte cuenta de que estás viendo una película de Tarantino, Shyamalan o Kaurismäki y esto se debe a sus estilos definitivamente únicos. Lo que nunca consideré es que esto era una posibilidad para los productores, sin embargo, sentí lo que sentí viendo esta obra.


Es posible que los productores, de alguna u otra manera, marquen parte de su estilo en las películas que producen, deviniendo en una especie de escuela de estilo para directores nóveles, como es el caso del dúo Andrés-Roel. Definitivamente algo para pensar y para fijarse en el futuro. Actualmente no tengo la suficiente información para formular nada que una hipótesis en base a este hallazgo. Trataré de mantenerme alerta en este frente para ver si es algo que puede llegar a suceder con frecuencia.


Centrándonos más en el guion, cabe destacar que en la dinámica que conlleva contar mediante un medio artístico, específicamente en cine, se puede caer en el error de querer contar las cosas de manera casi explícita (y a veces directamente explícitas).


Hace un tiempo ojeando un manual de guion (no recuerdo cual) leí que el guionista no experimentado cuenta demasiado poco queriendo mantener al espectador en un estado de expectación constante, muchas veces llegando a perder la atención del espectador debido al exceso de "te voy a contar, pero no te cuento". Del otro lado del espectro, el guionista experimentado suele caer en el error de contar demasiado, pues trata de no perder al espectador y le va dando la información, desinflando así la intriga. Por supuesto, esto suele llegar a enfadar al espectador por la exposición constante y, por ende, perder la atención del espectador por igual.


En el caso de "Musarañas", no sucede ni lo uno ni lo otro. Se logra cierto balance, así como se logra el balance entre el terror comercial y el terror autoral. Quizás se deba a la cantidad de años de docencia que combinan los directores (léase ver año tras año los errores de los recién ingresados a contar historias en formato cine). Sea cual sea la razón, el volumen de subtexto de esta obra puede dar la sensación de que es mucha información y que te llega de frente, un poco sobre la nariz, pero a mi parecer, como espectador, tienes que hacer el esfuerzo de extraer esa información, tienes que pensar y analizar sobre la marcha. Los personajes son, hablan, hacen y la historia avanza, si quieres acceder al subtexto vas a tener que trabajar un poco y buscarlo. También puedes quedarte en el umbral de la segunda lectura y disfrutar de la obra desde una perspectiva unidimensional. En ambos casos se disfruta bastante.


Y ya que toqué el tema, hablemos del subtexto. Resulta irrefutable la existencia de un fuerte sentimiento anti religión organizada en el film, específicamente la religión romano católica, después de todo es una película española, producida en España por españoles.


Sobre las hermanas parece pesar un manto obscuro, como una nube negra y espesa que dictamina como deben actuar, que deben decir, como deben vestir... Este manto es tanto un objeto de protección como un objeto de dolor, un objeto de culpa y un objeto de absolución. Este obscuro objeto ambivalente adquiere la forma de un código moral, con sus luces y sus sombras. En definitiva un código violento.


Utilizo el término violento valiéndome del planteamiento que propone Slavoj Zizek en "Sobre la violencia, Seis reflexiones marginales". Según Zizek, podemos dividir la violencia en dos grandes grupos: violencia subjetiva y violencia objetiva. La primera siendo los actos de violencia que lleva a cabo un sujeto identificable (del inglés subject), por ejemplo: cuando un ladrón le arrebata la cartera a una viejita y sale corriendo. En este ejemplo es claro la existencia de un sujeto, el ladrón, que perpetúa un acto de violencia, el robo.


El segundo grupo, la violencia objetiva, es un concepto un poco más complejo. Conlleva todos los actos de violencia que conforman la realidad que percibimos como el estado "normal" de las cosas (las leyes, normas sociales, reglas no escritas...).


Tomemos las leyes como ejemplo, las cuales vienen siendo normativas que, de cierta manera, limitan el nivel de libertad que tenemos como individuos dentro de una sociedad, a cambio de esta limitación obtenemos una sociedad mínimamente organizada y funcional.


¿Quién dice que la cartera de la viejita es de la viejita? El concepto de tener, de la propiedad privada, de ser dueño de esa cartera, es una idea completamente imaginaria pues no hay una fuerza que ate o conecte a la viejita con la cartera, por lo que cualquiera puede arrebatársela.


Como sociedad aceptamos la idea de la tenencia de objetos, así como aceptamos que ese objeto tiene el nombre que tiene (que no deja de ser imaginario), y se instaura una ley (que de por sí viene siendo también una suerte de invención imaginaria) que prohíbe al resto de la sociedad quitarle cualquier objeto a su dueño y plantea un marco jurídico para la penalización del que rompa esta regla. Esto significa que nuestra libertad es limitada pues no podemos apropiarnos de cualquier objeto si así lo deseamos, sobre todo si dicho objeto ya tenga dueño, pero a cambio nadie puede despojarnos de nuestros objetos ya que somos sus dueños. Por lo menos en teoría.


Esto nos lleva al estado de "normalidad" donde somos dueños de nuestras cosas y la viejita es dueña de su cartera y cuando aparece el ladrón y perpetúa el robo, podemos registrar ese acontecimiento como un acto de violencia. Insisto, solo basándonos y aceptando ese acto violencia objetiva (que no registramos como violencia per se) como un estado de "paz" donde no ocurre un acto violento de manera activa.


En la ópera prima de estos directores, la religión se impone como el marco de violencia objetiva que rige sobre la vida de las mujeres. Por ello, cuando la Niña rompe las reglas y Montse la reprende le dice "esto lo hago por ti". Monste ve el castigo, que es físicamente violento, como parte del orden normal de las cosas, una realidad palpable que, aunque le duela por dentro, tiene que respetar.


Nos encontramos entonces con un choque de fuerzas. Para la hermana mayor, hay un código moral claramente establecido que contiene un régimen de consecuencias. Para la hermana menor, ese código moral es represivo y anticuado, por lo que se rebela. Por su puesto, en medio de esta rebeldía intenta aparentar que se atiende a las reglas que se le imponen.


Esta dinámica es algo que podemos ver en virtualmente todas las sociedades del mundo moderno, quizás de toda la historia de la humanidad, la inagotable batalla entre lo vetusto y lo contemporáneo, entre la sociedad adulta que arrastra consigo la realidad del mundo de décadas pasadas y la sociedad joven que impone su propia manera de ver el mundo, muchas veces sin conocer los sacrificios que los mayores, que en su momento fueron jóvenes rebeldes, hicieron para construir el mundo que querían, o por lo menos el mundo que podían llegar a aceptar.


Cada quien tendrá su manera de ver las cosas. Algunos les darán la razón a los jóvenes, otros dirán que son los adultos los que están en lo correcto y otros tomarán una posición neutra dándole la razón a ambos grupos, o a ninguno. Si me preguntan a mi, digo que Andrés y Roel son del primer grupo, con la salvedad de que tienen la madurez de admitir que efectivamente se hicieron sacrificios.


Digo lo que digo en el párrafo anterior pensando en el final de la película, cuando la hermana mayor tiene un momento de redención y revela el gran secreto (así a lo Shyamalan): la hermana mayor era la madre de su hermana menor. No solamente resulta ser la madre, si no que queda debido al abuso sexualmente por su padre. Ante esta revelación, no hay de otra más que la disipación del odio y los celos que la hermana menor, ahora hija, pudo tener a los largos de los días, meses y años, quizás toda su vida, hacia su hermana mayor, ahora madre. Se da a conocer el sacrificio, se da la oportunidad de ver de donde viene el otro, la oportunidad de entenderle. Y solo entonces se pueden hacer las paces.


Otra temática que afrontamos es la idea de la muerte de Dios, que no es sorpresa con la trama que tiene la obra. Obviamente no hablo de la muerte literal de Dios, si no su muerte figurativa, como lo planteó Nietzsche.


La Niña es el superhombre (supermujer, en este caso), quien logra aceptar la muerte de Dios y, por ende, logra aceptar la muerte del código moral que rige sobre su micro universo, dándose cuenta en el proceso de que todo lo que sabía sobre su propio pasado es una elaborada mentira para protegerle de la verdad. Lo que nunca sabremos es que sucede una vez adquiere este conocimiento pues la película termina.


La Niña es la que puede convertirse en la supermujer pues es la que se atreve a desafiar las convenciones, el estado de "normalidad" del mundo que habita. ¿Por qué no puede ser Montse la supermujer? Pues porque ella es el último hombre (última mujer), una persona que está cansada de la vida, que no se atreve a tomar riesgos, que solo busca el confort y la seguridad.


Monste se ve obligada a ser la última mujer por su pasado, que se manifiesta en su condición de agorafóbica (lo que pone en evidencia la íntima relación entre el ambiente social donde habita el individuo y su forma de ser, incluyendo su estado mental). La manera en se plantean los hechos en la película deja claro que esa condición que la mujer sufre, y que la define deviene como personaje, surge a partir de su pasado traumático, que no necesariamente tiene una conexión directa con la religión, tiene más que ver con el delicado estado mental que tenía el Padre luego de la muerte de su esposa. Ese delicado estado mental a su vez surge a partir de la incapacidad del Padre de lidiar con el duelo. Entonces, ¿Es la culpa de la religión? No, no lo es. La culpa es de los religiosos que se convierten en ermitaños del confort que brinda la religiosidad. Quizás debo decir que se convierten en musarañas.


La Niña, mientras tanto, lleva a cabo una especie de "revolución" que sucede cuando un extraño interrumpe la cotidianidad del departamento. Entiéndase, es necesario una disrupción del estado de "normalidad" de la vida de la Niña para incitarla a dar el gran paso y forzar un cambio en su ambiente que le rodea. Ese cambio implica la destrucción de su realidad, lo que se puede interpretar como la muerte metafórica de Dios en la forma del código moral que funciona a manera de macro relato. Esta disrupción, catalizador de los cambios sociales del departamento, se manifiestan en la forma de un personaje. Un hombre.


La vida de esta familia se puede contar en cualquier fragmento de tiempo siempre que haya un principio y un final. Dentro de ese fragmento de tiempo, se podría contar literalmente cualquier día de la vida de las mujeres (al ser una realidad construida a partir de algo tan controlable y maleable como el artificio cinematográfico). Sin embargo, se cuentan los eventos que vemos en pantalla, se toma una decisión por una razón que no es nada más que lógica: no sería interesante ver un día cualquiera, seguido de otro día cualquiera, seguido de otro día cualquiera. De poderse tomar la decisión de contar solo la cotidianidad, se puede, solo que esto limitaría la riqueza del discurso y, en definitiva, sería una película aburrida.


Tenemos que afrontar la siguiente pregunta, ¿Por qué resulta más interesante ver los momentos donde se rompe con la cotidianidad que los momentos donde no se rompe la misma? La respuesta es simple: violencia. El vivir la violencia contextualizada en el quebrantamiento del estado "normal" de las cosas nos permite vivir nuestra propia revolución, nos permite sentirla en carne y hueso, pero sin arriesgarnos, sin tener que tomar decisiones ni que hacer sacrificios. Podemos vivir la realidad de un cambio (a mejor o a peor) para luego volver a nuestras cómodas rutinas. El cine nos permite convertirnos en el superhombre por un período mínimo de tiempo antes de volver a nuestra realidad de último hombre. Es una realidad muy triste, pero es nuestra realidad y no es una que podemos cambiar a menos que lo decidamos y decidir es muy difícil... Así que veamos otra película.


Jorge Gadea


Ficha técnica:


Título original: Musarañas

Fecha de estreno: 4 de Septiembre 2014 (Festival Internacional de Toronto)

25 de Diciembre 2014 (España)

Directores: Juanfer Andrés & Esteban Roel

Género: Thriller, terror

Protagonistas: Macarena Gómez, Nadia de Santiago,

Hugo Silva, Luis Tosar

Guionistas: Juanfer Andrés, Sofía Cuenca

Producción: Álex de la Iglesia, Carolina Bang, Kiko Martínez

Música: Joan Valent

Fotografía: Ángel Amorós

Edición: Juanfer Andrés

Diseño de Producción: Pablo Alonso

Diseño de Vestuario: Paola Torres

Casting: Pilar Moya (no acreditada)

Maquillaje: Pepe Quetglás

Idioma: Español

Duración: 91 minutos


Productoras y Distribuidoras


Link a IMDB

2 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo