I'm Thinking of Ending This (2020), dirigida por Charlie Kaufman

Actualizado: 10 de oct de 2020


Rompiendo los límites de la forma en el relato


Poesía en movimiento a través de personajes increíblemente humanizados que imitan lo cotidianamente mundano así como lo extraordinariamente humano, todo filtrado a través del cristal del arte. Una profunda y peculiar exploración de los miedos y dudas de una mujer en una relación que, aparentemente, no tiene futuro. El carácter atrevido del relato desafía las barreras del cine, el lenguaje y la interpretación del discurso. Una historia universalmente personal y secretamente verdadera que lamentablemente se termina perdiendo dentro de la maraña que es la obra en sí.


Adaptación del libro con el mismo título de Iain Reid.


¿Alguna vez te has leído algo de David Foster Wallace? Hace un tiempo me leí Infinite Jest y recuerdo que desde la primera página del libro mi cuerpo fue testigo de sensaciones que rara vez había sentido. Como si los neuro receptores encargados de interpretar lo que siente la piel se equivocaran e interpretaran lo que siente la imaginación (que en mi mente es el mismo espacio que ocupan los dolores de cabeza).


La sensación física que Wallace me causó a través de sus palabras, era una especie de corriente de fuego salvaje e indomable, pero al mismo tiempo cálido y hogareño. Eso mezclado con el danzar de un millón de hormigas, a la vez que un millón de pensamientos entran y salen simultáneamente por un diminuto agujero, deviniendo en un coctel de confusión, placer e hiperactividad mental.


Años después, esa sensación fue invocada una vez más, esta vez por "I'm Thinking of Ending This ", dirigida por Charlie Kaufman, a quien recordarán como el guionista de “Eternal Sunshine for the Spotless Mind ” (2004).



Un resumen de la película (posibles spoilers):




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La novia, aka Lucy, Louisa, Amy, Ames… (Jessie Buckley) está pensando en terminar las cosas con Jake (Jesse Plemons), su novio de hace aproximadamente 6 semanas. Jake invita a Lucy a conocer a sus padres, ella acepta en parte por curiosidad y en parte porque no sabe decir que no.


El viaje de ida es tenso e incómodo. Es invierno y las planicies nevadas de Oklahoma se extienden hasta donde alcanza la vista. Encima, se avecina una tormenta de nieve. Ambos dentro de un carro, con la mujer perdida en sus pensamientos y el hombre, al volante, hablándole, trayéndola de vuelta en repetidas ocasiones. La novia es estudiante de algo relacionado a la biología y tiene un trabajo que entregar sobre la rabie. Su novio parece estar interesado y versado en el tema.


Jake intenta recitar el poema “Ode: Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood ” de William Wordsworth, pero es interrumpido al Lucy recibir una llamada de una amiga que lleva exactamente el mismo nombre, Lucy. Seguidamente, el novio la presiona para que recite uno de sus poemas. La joven, ahora poeta, se resiste un poco, pero termina cediendo y recita un poema de tono oscuro y melancólico llamado “Bonedog” que habla sobre el regreso a casa, aparentemente haciendo referencia a Jake, quien se lo toma algo personal.


Durante prácticamente todo el film, la trama principal es contada paralelamente con la historia de un Conserje de edad avanzada (Guy Boyd) que parece tener algún tipo de conexión con Jake, quien por momentos llega a hablar sobre lo que el Conserje ve, hace y piensa, como si fueran miradas, acciones y pensamientos propios. Desde su interés en las obras musicales que arman los estudiantes del colegio donde trabaja, hasta lo que piensa sobre algunos de los estudiantes de dicha institución.


La pareja tiene formas de ver el mundo completamente diferentes, casi incompatibles. En un momento dado, pasan por delante de una casa abandonada en medio de la ruta. En el frente de la casa hay un columpio nuevo de paquete instalado. A Louisa le parece particularmente extraño que el columpio haya sido instalado ahí, mientras que Jake trata de justificarlo planteando posibles razones de por las que el columpio está ahí. En momentos como este es difícil no preguntarse como logran mantener la relación a flote.


Al llegar a la granja, la Madre de Jake les saluda efusivamente desde la ventana, pero, en vez de entrar, él decide darle un tour a Amy por el lugar. Visitan el espacio donde viven las ovejas, donde hay corderos muertos y congelados debido al crudo frío invernal y pasando luego por donde vivían los cerdos, los cuales tuvieron que ser sacrificados debido a que estaban infestados de gusanos que se los estaban comiendo vivos. Antes estos hechos Jake se limita a decir que “la vida no es fácil en una granja”.


Al entrar a la casa, los padres tardan un buen rato en aparecer, por lo que Ames y Jake matan el tiempo, incómodamente, conversando sobre ellos mismos y sobre la casa. La novia descubre unas marcas, como de rasguños, en la puerta que lleva al sótano. Jake parece temerle a ese espacio de la casa y evade el tema todo lo que puede, solamente dejando escapar que hay “alguien” en el sótano. Al preguntar de donde vienen los rasguños en la puerta, la respuesta es que son de Jimmy, el perro perro de la granja, el cual aparece y desaparece por momentos y se limita a sacudirse de manera constante, casi epiléptica.


La Madre (Toni Collette) y el Padre (David Thewlis) aparecen bajando las escaleras. Se saludan en un momento incómodo (podemos notar una tendencia a la incomodidad), el hijo mostrándose incómodo ante las muestras de cariño por parte de su progenitora. Pasan entonces a tener una cena (aún más incómoda). El alimento es todo producto proveniente de la granja, incluyendo una pata de cerdo, probablemente de los cerdos infestados de gusanos carnívoros. Mientras conversan, la novia dice ser pintora y les enseña a los padres fotos de algunas de sus pinturas, todas paisajes. El Padre dice no comprender las pinturas ya que no hay personas en los cuadros, con lo cual no puede hacer una conexión sentimental con la pieza. Apenas momentos después, la mujer dice ser estudiante de física cuántica.


La madre, se pasa toda la cena tratando de hacer ver a su hijo como un buen partido, hablando sobre lo inteligente es, sus dotes artísticos, los premios que obtuvo en el colegio y que tan bien se le daba jugar un juego de mesa. Jake termina enojándose y golpeando la mesa.


La madre le pide a la novia que cuente la historia de como se conocieron Jake y ella. Ames relata que se conocieron en un bar durante una noche de trivia, sin embargo, cuenta la historia con ciertas inconsistencias, de las cuales los padres se percatan y se muestran extrañados.


Tras la cena, los padres preparan el postre y discuten en la cocina. La pareja espera en la sala de estar. Lucy mira las fotografías colgadas en la pared, viéndose a sí misma de niña en una de ellas, solo para darse cuenta de que se trata realmente de Jake.


Los padres aparecen llevando con ellos el postre favorito de su hijo, un Yule Log (Tronco de Navidad). Mientras comen del pastel, la madre revela que tiene tinnitus y define el sonido como un susurro, un siseo, y plantea la idea de que a lo mejor el siseo le puede estar revelando los secretos del universo. Durante todo este tiempo, Louisa ha estado recibiendo llamadas de varias personas que llevan los nombres con los que se le ha ido nombrando a lo largo de la película, recibiendo una última llamada de alguien llamado Yvonne. Ella decide no responder a la llamada, sin embargo, Jake la presiona para que escuche el mensaje. Al revisar el mensaje, escucha una voz masculina que le dice que “hay solo una pregunta por responder”.


El film hace un giro repentino hacia lo surrealista, la familia desaparece, dejando a la novia sola en la casa. Ella se aventura al segundo piso en busca del resto de las personas. En su búsqueda parece viajar en el tiempo, quizás el tiempo viaja a través de ella. Visita la habitación de la infancia de Jake, la cual está plagada de objetos: una urna que parece contener las cenizas del perro Jimmy, varios casetes de VHS, muchos libros (entre los cuales hay un libro de virología, uno de Wordsworth, uno de David Foster Wallace y un libro de Eva H.D. el cual contiene el poema “Bonedog ”, que la mujer recita en el camino a la granja.


Durante el viaje temporal, la joven ve cada uno de los miembros de la familia en distintos momentos de sus vidas, siendo más jóvenes y más viejos de lo que habíamos visto. Los padres inclusive llegan a ser pacientes de demencia, el hijo teniendo que cuidar de ellos.


Amy repite insistentemente a su pareja que tienen que irse porque la tormenta se está haciendo fuerte y ella tiene que llegar a casa, a lo que Jake parece darle mucha importancia.


La joven se dirige al primer piso quedando atrapada en lo que parece ser un loop temporal mientras baja las escaleras. Durante ese lapso desciende las escaleras y piensa para sí misma sobre la relación que tiene con Jake y el rol que ella juega dentro de la misma. Una vez en la primera planta, el Padre, en un estado senil, le entrega una prenda sucia. La madre, en su estado más joven, le pide a Ames que lleve la prenda a lavar, al sótano, y le advierte diciendo que no se deje controlar por Jake.


Lucy se adentra al sótano, a pesar de que su novio le dice que no es necesario que lo haga. Al adentrarse en el lugar, descubre varios uniformes de conserje en una lavadora. Luego, en otra habitación del sótano, se encuentra con una colección de sus cuadros. Sobre ellos, hay carteles indicando que realmente pertenecen a Ralph Albert Blakelock. Uno de los cuadros está firmado por Jake. Louisa recibe otra llamada, esta vez de Louisa, quien resulta ser la voz nuevamente.


La mujer sube nuevamente a la sala, encontrándose con Jake descansando sobre la barandilla de una cama de hospital donde yace el cuerpo sin vida de la Madre. El hijo, con lágrimas en sus ojos, dice que solamente está durmiendo. El Padre aparece una vez más, ahora joven, y se despide de Amy, preguntándole si Jake es un buen hombre, ella responde que sí. Jake se levanta y dice que es hora de irse.


El novio le pone las cadenas a las ruedas del carro (para mejor tracción en la nieve) y emprenden el camino de vuelta a casa. En el viaje, Jake revela a la joven algunos eventos de los cuales ella no tiene recuerdo alguno, como él ayudando a la Madre con los platos o ella haber bebido demasiado vino. La conversación continua y deviene en una discusión sobre la película “A Woman Under the Influence” de John Cassavetes, durante la cual la joven adopta una persona que parece emular a Gena Rowlands (aunque a mi me parece emula mejor a Geena Davis).


A pesar de la tormenta, deciden hacer una parada por helado en una heladería ficticia llamada "Tulsey Town". Son atendidos por tres empleadas, todas estudiantes del colegio donde trabaja el Conserje. Jake se muestra reacio, casi avergonzado, a interactuar con las heladeras. Una ellas, quien tiene moretones en un brazo y Ames parece reconocer de algún lado pero no sabe de donde, le advierte que no tiene que ir adelante en el tiempo, que se puede quedar allí. Advertencia que la protagonista no parece comprender del todo.


La pareja continua el viaje de vuelta y deciden no comer más helado, a pesar de apenas haberlo tocado, debido a que es demasiado dulce. Jake se muestra muy impaciente por deshacerse de los vasos de helado, argumentando se derretirán y harán que los portavasos se pongan pegajosos. A pesar de las quejas de la novia, hacen un desvío, encaminándose al colegio local.


Una vez en el estacionamiento del colegio, y habiendo desechado los helados, tienen una discusión sobre una canción de la década de los 30s. Ella argumentando que la canción se trata de una violación, él argumentando que ese no es el caso. La discusión termina con Lucy enojada y Jake pidiéndole disculpas. Se besan. Repentinamente Jake se percata de que el Conserje les espía, encaminándose enojado hacia el colegio para confrontar al anciano, llevándose las llaves del vehículo con él y dejando a la mujer sola en medio de la tormenta. Ella le espera por un buen rato, ocupando el tiempo hablándose a si misma, pero termina cansándose yendo a buscara su pareja.


Amy entra al colegio y se encuentra con el Conserje. Le pide ayuda para encontrar a Jake. El anciano le pide que lo describa, a lo que la mujer responde contando como nada sucedió la noche en que ella y Jake se conocieron. Se despiden con un emotivo abrazo, lágrimas brotando de los ojos del Conserje y la joven continua con su búsqueda.


Finalmente, le encuentra en un pasillo del colegio. Se miran el uno al otro por un momento prolongado. Dos bailarines vestidos exactamente como ellos, entran es escena y llevan a cabo una rutina de baile al estilo “Okahoma!” durante la cual, se introduce a otro bailarín que hace del Conserje. El anciano y Jake (más bien sus representaciones bailarinas) se pelean por la chica, trasladándose al gimnasio y culminando con el viejo acuchillando a muerte al muchacho. Jake y la novia (realmente ellos) se acercan al cuerpo del doble, que yace sobre la nieve. Le observan por un momento y se retiran, ella primero, luego él.


El Conserje limpia el lugar de la pelea y se dedica a terminar su jornada de trabajo. Se prepara entonces para ir a casa, caminando con debilidad hacia su camioneta. Una vez dentro del vehículo, sufre un colapso mental que desemboca en alucinaciones que incluyen a Jake, sus padres padres y un comercial de Tulsey Town. Durante el colapso, se quita la ropa y termina viendo a un cerdo animado perteneciente a la granja de los padres de Jake. El animal está infestado de gusanos y le gotea sangre por la panza.


El cerdo le pide que le acompañe y ambos caminan hacia el colegio. Mientras caminan por los pasillos del lugar, el animal dice que “todo es lo mismo, cuando lo miras lo suficientemente cerca” y “tu, yo, las ideas. Todos somos una misma cosa”.


En un escenario, Jake, maquillado grotescamente de viejo, acepta el premio Nobel de física. En el público se encuentran sus padres, su novia y las empleadas de Tulsey Town, todos maquillados grotescamente. En su discurso de aceptación, menciona que “es solamente en las misteriosas ecuaciones del amor que cualquier explicación lógica puede ser encontrada”. Entonces interpreta “Lonely Room” de “Okahoma!”, recibiendo una ovación de pie por parte del público.


En el estacionamiento del colegio, la camioneta del Conserje es cubierta completamente por la nieve.


Fin (de los spoilers)


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Hago este recuento por que no hay manera alguna de que podamos siquiera empezar a desenredar este asunto sin tener algunas cosas frescas, es decir, ya comenzamos más.


Esta es una película que plantea más preguntas que respuestas, pero independientemente, tenemos que quitarnos el sombrero ante el señor Kaufman. Admito que no me he leído la novela de Reid, lo que puede jugarme en contra o a favor (probablemente en contra). Lo que sí es claro más allá de cualquier duda, es que es una novela difícil de adaptar, se nota con solo ver la película.


Me abstendré de llamar este film una obra maestra, sin embargo estuvo cerca, quizás lo más cerca que ha estado una película de poder ser llamada así, sin llegar a serlo. Entonces, ¿por qué no es una obra maestra? Y, ¿por qué está tan cerca de serlo?


Primeramente, hablemos de forma y contenido.


Para hacerlo breve, conciso y a manera de resumen hiper simplificado: el contenido es lo que se cuenta y la forma es como se cuenta. Podríamos trazar un paralelismo con historia y relato, siendo igualmente lo que se cuenta y como se cuenta, respectivamente.


Por ejemplo: se puede contar la historia de Jesús, el hijo de Dios, mediante del texto bíblico, así como se puede contar a través del cine con “The Passion of Christ ” (2004) de Mel Gibson o mediante el musical “Jesus Christ Superstar ” (1973) de Norman Jewison. Inclusive a través de una obra de colegio interpretada por niños de 1º de básica.


Podemos discutir cual es la mejor forma de contar la historia, pero, no puede caber ninguna duda, en cada uno de estos ejemplos se cuenta a grandes rasgos la misma historia mediante cuatro relatos, diferentes los unos de los otros.


Así mismo, se puede contar la misma historia mediante un mismo medio de comunicación. Véase cualquier remake, o cualquier adaptación del cine al cine.


Un buen ejemplo siendo “Brødre ” (2004) de Susanne Bier y “Brothers ” (2009) de Jim Sheridan, dos películas que parten de exactamente el mismo guion. A pesar de compartir una misma premisa y contar la misma historia (prácticamente escena por escena) en cada una de las obras se relatan los sucesos de una manera tal que el mensaje difiere de una obra a la otra. El autor impone puntos de vistas e ideologías que prácticamente se contradicen, cada uno defendiendo a diferentes bandos de la misma guerra. La historia sigue siendo la misma, son los relatos, o las formas, lo que dota a cada discurso de una punto de vista particular a cada historia.


En el caso de la obra de Kaufman, tenemos el libro, el texto original. Este fue adaptado al cine. Podríamos argumentar que la historia en sí no es exactamente la misma ya que en la traducción de un medio de comunicación a otro siempre habrá cambios inherentes a las posibilidades técnicas y necesidades narrativas de cada forma de arte. Sin embargo, no podemos negar que se trata de, a grandes rasgos, el mismo argumento. De lo contrario, no tendría sentido llevar a cabo la adaptación en primer lugar. En conclusión, debemos tratar al libro y a la película como el mismo contenido expresado en diferentes medios artísticos.


Habiendo establecido que tenemos una “historia madre”, pongámonos manos a la obra.


La forma de esta película es su punto fuerte. Logra tocar diferentes géneros (thriller, terror, romance, comedia negra, musical…), y sorprendentemente logra mantener un tono general durante toda la obra, lo cual no es tarea fácil. Cada género, cada tono, cada escena, cada diálogo, cada decisión actoral y decisión directoral encaja a la perfección. Sumándose la una a la otra, van construyendo el relato, como una gran maquinaria compuesta por cientos, si no miles, de piezas que se mueven al unísono y trabajando en conjunto con el objetivo en común de contar la historia que se cuenta de la forma en que se cuenta.


La rareza de los personajes de la Madre y el Padre; el rango actoral de Buckley contra la introversión cuasi monótona de Plemons; la integración de elementos culturales de importancia, tratándolos como injertos de “pop culture” y dotándoles de una cotidianidad única que trata de evitar caer en la pedantería autoral propia de Kaufman (fue un buen intento bien ejecutado por los autores, pero igual termina siendo pedantería autoral); la versatilidad de la puesta en escena que a veces parece de la Era Dorada de Hollywood, a veces parece Cassavetes, a veces parece una obra de teatro, a veces se adhiere fuertemente al género thriller, a veces trata de emular la literatura y a veces es simple y básica pero efectiva; los colores del decorado y de los vestuarios...


Me parece difícil buscarle un pero a la puesta en escena de esta película. Probablemente estamos delante de el cine de autor contemporáneo en su máxima expresión.


La forma, es decir, el cómo se cuenta la película, es espectacular. Eso ha quedado claro.


Pero…


¿Qué hay del relato? ¿La historia en sí? ¿Qué nos quiere contar Kaufman?


En el cine más “tradicional” se considera por regla general que la forma debe servir al contenido. Esto quiere decir que las decisiones del autor a la hora de filmar la película deben de asegurar que la manera en que se cuente la historia vaya a la par con la historia per se.


En una película de acción sería raro no encontrarnos con un tempo rápido, una gran cantidad de cortes y música que dispare la adrenalina. Por otro lado, si hablamos de una película de detectives neo noir donde hay un misterio por descubrir, los planos son de larga duración, la frecuencia de los cortes es baja y la música nos mantiene en un estado de incomodidad e incertidumbre.


En cada uno de estos ejemplos, debido a que la historia tiene cierto “sabor“, las decisiones a la hora de relatar esa historia deben ir a la par de el sabor en cuestión, intensificarlo, hacerlo más potente.


Dicho eso, a pesar de que sea lo más común, y lo generalmente aceptado, a la hora de contar historias no existe una regla universal que diga que la forma debe servir al contenido. Hay espacio de experimentación y eso abre las puertas a propuestas artísticas muy interesantes, sobre todo dentro del cine experimental.


Se puede hacer ejemplo de una inmensidad de películas de terror, donde la historia ocupa un segundo lugar. La meta de la obra es causar miedo o estrés (a veces ambos) y la historia es, en todo sentido práctico, una excusa para generar esas sensaciones.


En otros casos, la historia tiene cierto grado de relevancia, pero no es lo primordial. La manera de relatar la historia prima sobre la causalidad de la obra. Pongamos el ejemplo de “Mandy ” (2018) de Panos Cosmatos donde la forma arrasa con el contenido. En algunos momentos la película se detiene y la imagen adopta colores extravagantes donde no se explica lo que sucede pero se causa cierto estado emocional, en otros momentos los carteles en pantalla adquieren un grado de finesa que no encaja con el film, pero se ven interesantes, llaman la atención y son agradables a la vista. Inclusive suceden elipsis temporales donde un personaje se transporta de un punto A a un punto B sin razón aparente. Al final del día es más importante el espectáculo de lo que sucede que lo que sucede en sí.


Más hacia el cine experimental podemos ver películas que parecieran no tener historia del todo. Una especie de forma en pos de la forma donde el centro de la obra se basa en lo que se ve, a pesar de que a priori parezca que no sucede nada. Como cuando de niños mirábamos a través de un caleidoscopio. No sucedía mucho, más allá de ver colores y formas, pero era entretenido ver por la mirilla del aparato.


Todas las opciones recién mencionadas son válidas, después de todo, en el arte no hay reglas y los límites se hicieron para desafiarse (siempre y cuando la ética prime sobre el concepto del arte).


La genialidad de la forma de “I’m Thinking of Ending This” es su punto fuerte. Y es también donde yace el problema principal de la película. No sé que de va la película. De hecho, es aún peor, sé de que va pero no sé que va.


La versatilidad de la lectura del discurso abre tantas posibles lecturas que es difícil establecer un elemento ancla que permita discernir de que está hablando el autor. Al mismo tiempo, se vuelve imposible pensar que no está hablando de algo, la riqueza cultural, técnica y dramática tienen un nivel tal que resulta inverosímil siquiera considerar la idea de que la película no está haciendo algún tipo de sub comentario. Me debato si el poético “quiero terminar con esto” de Lucy no es nada más que un McGuffin, una excusa para poder embarcarnos en el viaje emocional que provoca la forma.


Ya establecimos que no hay límites y que no se rompe ninguna regla de este ser el caso (y de romperse tampoco importaría mucho). El problema en sí es que la película por momentos parece querer contarnos algo y de manera muy latente, pero apenas momentos después pare querer contarnos algo completamente diferente, de manera igualmente latente.


La linealidad del relato y el misterio detrás de todo lo que sucede, me hacen querer entender de el subtexto. Por momentos veo la historia de la mujer que quiere salir de una relación, por momentos veo la historia de una mujer atrapada dentro de una relación abusiva, por momentos veo una especie interpretación cinéfila de la teoría del multiverso, por momentos veo una especie meta mensaje sobre el proceso creativo, por momentos veo un film surrealista… Y así me la paso durante toda la película.


Insisto, no es que eso sea malo. De hecho, al principio de este escrito alabo a la película por causar esa explosión de pensamientos en mi cabeza. Pero hay algo dentro de la historia que me incita a querer, necesitar, entender la obra y eso se me dificulta en una primera lectura.


En mi intento por encontrar una respuesta, me he planteado algunas posibles interpretaciones.


La que más me convence hasta el momento es que los personajes, al ser personajes (es decir creaciones de la imaginación humana) tienen el potencial de ser cualquier cosa, cualquier persona, practicar cualquier profesión. Al no estar atados a las limitaciones de la realidad física, pueden hacerlo todo al mismo tiempo.


Los humanos tenemos una limitación espacio temporal que nos obliga a vivir en lo que viene siendo no más que un suspiro en la historia del universo. Encima, vivimos ese suspiro a cuentagotas, un momento a la vez. Nos parece que una vida es mucho tiempo, pero objetivamente no lo es.


Me parece que la película puede estar liberando a los personajes de las cadenas del tiempo y el espacio. Las mismas que nos retienen a nosotros, los seres reales. Esto implicando que el arte es la única manera que tenemos de acceder a una vida más plena, a un plano superior, quizás incluso una vida sin límites, la imaginación en definitiva está completamente desligada a las reglas del mundo físico, después de todo.


Esta interpretación cobra sentido en una frase que la mujer menciona cuando ve los cuadros de Blakelock en el sótano: “Es trágico que casi nadie sea dueño de su alma antes de morir”.


Veamos la práctica de una forma de arte como el desarrollo de una habilidad humana. El individuo que desarrolla dicha habilidad tiene a su alcance la posibilidad de liberar su alma (paradójicamente mediante la posesión de la misma). Al liberar su alma puede trascender a un plano mental (o espiritual) donde, aunque sea por breves instantes a la vez, podemos ser libres de las cadenas de la realidad.


La frase continua: “Nada es más raro en el hombre, dice Emerson, que un acto propio. Y es muy cierto. La mayoría de la gente es otra gente. Sus ideas son las opiniones de los otros. Sus vidas, un imitación. Sus pasiones, una cita. Es una cita de Oscar Wilde”.


Una lectura rápida nos lleva inmediatamente a pensar en las redes sociales, donde podemos ser imágenes mejoradas e idealizadas de nosotros y donde la originalidad aparenta tener un alto grado de valor (no siendo este el caso si nos detenemos a pensar como funcionan las cosas).


Ahora bien, yendo más allá de las redes sociales, nos encontramos con el impedimento de nuestra realidad, incluso dentro del plano artístico que libera nuestra alma. ¿Qué es el arte, si no una interpretación de nuestro subconsciente? Después de todo, las ideas surgen de algún lado y nosotros los humanos nunca paramos de interpretar y de absorber el mundo que nos rodea.


Somos quienes somos porque copiamos de nuestros padres, ya sea por genética o por mímica. Tenemos las ideas que tenemos porque vemos el mundo, lo copiamos e interpretamos, y luego proyectamos hacia afuera al propio mundo, solo que a través de nuestra forma de ser. Es un círculo sin fin que se alimenta a sí mismo mediante nuestra existencia. Quizás de alguna manera nosotros y nuestras acciones son de cierta forma obras de arte.


A la hora de establecernos como individuos únicos en el universo, no tenemos otra opción más que preguntarnos, ¿Cómo podemos convertirnos en nosotros mismos?


Entre las tantas limitaciones que encontramos en nuestra realidad, no podemos evitar nombrar la del trabajo para la subsistencia. Ya sea dentro de una sociedad nómada y salvaje que vive en la jungla, como dentro de la realidad neocapitalista en la que vivimos actualmente, el trabajo es imperativo para la subsistencia.


En la sociedad salvaje, no podemos sobrevivir sin cazar, producir nuestros alimentos ni conseguir (o crear) espacios seguros que nos protejan del clima. En la sociedad neocapitalista, no podemos sobrevivir sin trabajar para conseguir dinero. La misma realidad expresada en diferentes formas.


Es en el arte de convertirnos en nosotros mismos que yace la respuesta. El arte del trabajo, que nos dota de un rol dentro de la sociedad. Hasta no hace mucho, en muchas culturas, las personas obtenían su apellido gracias a la profesión que ejercían. El trabajo termina de construir nuestra identidad en la sociedad.


Para redondear la idea, si partimos de la premisa de que los personajes cambian de profesión de manera constante en esta película, podríamos asumir que carecen de identidad o bien son todas las identidades a la vez. Me suscribo a la segunda opción. Los personajes creados con un fin artístico tienen el potencial de liberarse completamente de todas los límites que nos rodean a nosotros los seres reales.


Y me pregunto, ¿Los personajes tienen alma? La respuesta bien podría ser que no, que justamente por eso se ven en la capacidad de ser libres.


Walter Benjamin planteó en su momento que las obras de arte, desde un punto de vista estético, tienen un arte único a cada pieza, atada a su aquí y ahora. El aura. Para Benjamin, la experiencia de ver una obra de arte original no puede ser comparada con ver una reproducción.


En mi opinión, cuando hablamos de cine moderno y el aura, entramos en un terreno complicado. El cine trasciende a la belleza puesto que la esteticidad no suele ser el centro ni el objetivo de las películas. Además, tampoco podemos hablar de un original, por lo menos cuando se trata de cine digital. ¿Dónde está el original? Estamos hablando de la interpretación de impulsos eléctricos por una máquina. Sin embargo, no podemos decir que no hay una interpelación entre el espectador y la obra.


Cuando de cine se trata, el aura se crea a partir de la interpretación, esta siendo la máxima expresión de la conexión entre el espectador y la película. Cuando somos capaces de ver la obra de arte, internalizarla y sacar nuestras propias conclusiones (ya sean pensamientos coherentes o sentimientos abstractos), la obra trasciende su estado de producto audiovisual de entretenimiento y se convierte en una obra de arte completa. A mi parecer, ahí surge el aura en el cine.


Partiendo de esa premisa, podríamos decir que cada obra de arte tiene potencialmente un aura por cada persona que existe en el mundo. Y cuando digo obra de arte, incluyo a las reproducciones ya que se puede experimentar cierto nivel de conexión con las reproducciones, claro que nunca al nivel que se puede experimentar con la obra original. El cine es una gran farsa que tiene la capacidad de convertirse en algo real una vez lo interpretamos, una vez le dotamos de un aura mediante la interpretación.


Nos encontramos ahora frente a otro circulo. El sujeto se descubre a sí mismo y crea arte, pero es solo cuando otro sujeto interpreta dicho arte que la pieza en cuestión cobra vida mediante el aura.


Quizás la clave de todo esto yace en el poema que Jake intenta recitar fallidamente. “Ode: Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood” de Wordsworth.


En este poema, el narrador relata como, debido a la perdida de su juventud, ha perdido también la conexión con la naturaleza. De joven, el narrador podía ver la naturaleza en su plenitud, pero pierde la habilidad de verla según su edad avanza.


Terminando el primer movimiento, el narrador se hace en esencia la misma pregunta de dos formas diferentes: “¿Dónde está ahora?” y “¿A dónde ha huido?” Haciendo claro su deseo de volver a ver la naturaleza y dejando abierta la posibilidad de que pueda volver a verla.


Hacia el final del poema el narrador es capaz de recordar la naturaleza mediante los recuerdos de su infancia, pudiendo así, de cierta manera, ser la persona que alguna vez fue.


Podemos tomar la naturaleza que el narrador intenta volver a ver como algo literal (sobre todo en estos tiempos), pero también la podemos ver como algo que quedó en antaño. Yo bien podría comenzar a redactar la lista de cosas de antaño que solo podré revisitar en mi memoria y no terminaría esta semana. Es una lista que cada día tiene el potencial de crecer. Después de todo, ahora es lo más jóvenes que seremos por el resto de nuestras vidas.


Si comparamos nuestras listas, habrán muchas cosas en común: seres queridos, juguetes de la infancia, alguna que otra aventura adolescente... También habrán cosas que son únicas a nosotros, cosas, personas o momentos que solo son importantes parar nosotros y que otras personas quizás nunca llegarán a entender a cabalidad por que son importantes para nosotros.


La película resalta que “hay solo una pregunta por responder”, pero ¿cuál es esa pregunta? Y ahí yace lo que en mi opinión es el fuerte y la debilidad de la película. Esa pregunta es el espacio que ocupa el aura de la película. Un espacio que últimamente solo puede ser llenado por el espectador al decidir cuál es la pregunta.


Otra interpretación, esta menos filosófica se encuentra hacia el final de la película: la recepción del premio Nobel y la muerte del Conserje.


Si asumimos que Jake y el Conserje son la misma persona, (tenemos suficiente evidencia para determinar que puede ser así) la única variable sería Lucy, Louise, Amy, Ames… Escójase el nombre que se desee. El diálogo final: “es solamente en las misteriosas ecuaciones del amor que cualquier explicación lógica puede ser encontrada”.


La diferencia entre un premio Nobel y morir solo en el estacionamiento de un colegio es el amor. Y no hay una persona destinada a ocupar esa posición de amante, ese espacio puede ser ocupado por cualquiera. Por eso la mujer lleva varios nombres.


Reitero, como en cualquier obra de arte de calidad, se puede hacer más de una lectura interpretativa del discurso. Yo tengo razón y no la tengo. La tengo dentro de mi realidad como individuo y no la tengo dentro de la realidad de cualquier otro. Ambas realidades son igual de falsas e igual de verdaderas a la vez.


Este film da juego a una lectura jocosa estilo comedia romántica, una lectura filosófica, una lectura con un tono más oscuro como una relación abusiva. Elige cuál es tu lectura, dota a la película de alma como solo tú lo puedes hacer.


Al romper con los límites que impone el relato, mediante su genial estilo directoral, esta película desafía la realidad del arte y del individuo. En definitiva una pieza para la posteridad, probablemente como caso de estudio.


Lo que a mi no me termina de quedar claro es si la versatilidad de la lectura del discurso es por diseño o por coincidencia o porque el libro viene siendo así. Hasta que no me pueda responder esa pregunta, esta película seguirá en el umbral de las obras maestras. Mirando desde afuera.


En el fondo siento que la respuesta está en libro, pero si tengo que ir a leerme el libro para entender la película no tiene sentido haber hecho la película. Fue un buen intento, señor Kaufman.


Jorge Gadea

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