The Trial of the Chicago 7 (2020), dirigida por Aaron Sorkin

Actualizado: 28 de oct de 2020


Los temas de Aaron Sorkin, sin Sorkin como autor




Con su segunda producción como director, Aaron Sorkin vuelve a poner sobre la mesa los temas que siempre hacen acto de presencia cuando su nombre figura entre los acreditados: el deber, la justicia, la verdad... Casi sobra decir que el guion está basado en hechos históricos.


"The Trial of the Chicago 7" cubre los eventos sucedidos durante el juicio de 7 líderes de movimientos sociales izquierdistas/pacifistas y, en adición a dichos líderes, el presidente nacional del Partido Pantera Negra.


Estos 8 individuos fueron acusados de incitar disturbios en los días venideros a la Convención del Partido Demócrata de 1968, celebrada en la ciudad de Chicago, donde sería elegido el candidato a presidente del partido en cuestión. Personas de todo el país se movilizaron hacia Chicago con el fin de protestar en contra de la guerra de Vietnam. Los encuentros entre los manifestantes y las fuerzas del orden fueron escalando poco a poco hasta desembocar en un altercado masivo, donde se recurrió a la brutalidad policíaca para aplacar a los manifestantes. Los implicados en el juicio, quienes habían organizado las manifestaciones, fueron apresados y llevados a juicio invocando una ley promulgada en los años previos a la abolición de la esclavitud y cuyo fin era reprimir a los esclavos. El juicio, popularmente considerado político, comenzó a finales de Septiembre de 1969.


Soy fan de Sorkin, ese señor ha escrito algunas de las frases más emblemáticas del cine durante su carrera como guionista, desde "A Few Good Men" (1992) hasta "The Newsroom" (2012 - 2014). Luego de ver su ópera prima como director, "Molly's Game" (2017), quedé expectante, a la espera de una segunda película, la cual venía de camino a los cines, siendo eventualmente estrenada en Netflix debido a la pandemia del COVID-19.


"Molly's Game" tiene cierta esencia, cierto algo que decía "esto está hecho por Aaron Sorkin". Era muy sutil, pero no dejaba de estar presente. Un ritmo de edición acelerado en los diálogos, los cuales son intelectuales y podrían bien pertenecer a una comedia negra. También aparece su plano estampa: un seguimiento frontal con los personajes caminando y conversando, un plano que ha sido asociado con este director desde la serie política "The West Wing" (1999 - 2006). No se si seré yo o si será Sorkin, pero la realidad es que no le he encontrado en esta película, como si en vez de evolucionar estuviese involucionando como autor.


"The Trial of the Chicago 7" es una película simple que apela a la conexión del espectador con la temática para su éxito, lo cual no está mal, sobre todo porque la conexión se logra y es uno de los puntos fuertes de la obra. Más allá de esto, la carencia de una identidad autoral le juega muy en contra, es quizás la versión más tamizada de Aaron Sorkin que hayamos visto hasta la fecha. Este Sorkin tamizado nos entrega una típica película Hollywoodense que bien pudo haber sido dirigido por un director de estudio y que bien pudo haber sido interpretada por cualquier actor y habría sido más o menos lo mismo. Voy más allá, pudo haber sido realizada por un equipo técnico y creativo de estudio que no tiene nada para decir y que se limitan a ejecutar de manera "correcta" un guion.


Una de las partes más decepcionantes es el malgasto de talento en el elenco, que cuenta con estrellas, rostros conocidos de toda la vida y rostros nuevos que tuvieron una oportunidad de brillar y hacer avanzar su carrera al aparecer en una película con un director de renombre. De brillar, nadie brilló.


Esto no quiere decir que los actores hicieron un mal trabajo, de hecho, me parece que hicieron un excelente trabajo en el sentido de que lograron mantener el nivel energético más alto que podían presentar sin caer en el pecado de la sobreactuación. Además de una pérdida de talento, me parece una pérdida de dinero, el haber incluido algunos de los nombres que figuran en el casting para limitarles de la forma en que se les limitó. Nombres como Joseph Gordon-Levitt, Sacha Baron Cohen y Michael Keaton. Estos actores bien pudieron haber sido reemplazados por actores menos conocidos y la película habría funcionado perfectamente, además de ser más rentable en un sentido económico. Y ojo, me encantan los actores, el trabajo que hicieron me parece correcto, simplemente me parece que no tuvieron la oportunidad de dar el todo.


La actuación que más resalta es la de Baron Cohen, quien en mi opinión es uno de los actores más subestimados del mundo. Su actuación resalta un poco más que la del resto del elenco por el simple hecho de que es el personaje más interesante y porque tiene las escenas del stand up, recurso que se utiliza inteligentemente para llevar hacia adelante la historia de un manera mínimamente interesante.


Ahora bien, algo puedo rescatar de la película es que lograron capturar y representar la esencia de lo que se siente estar en una protesta, sobre todo una donde la policía se demuestra armada y amenazante. El corazón latiendo con fuerza, esperando que el cerebro indique si es hora de luchar o salir corriendo, una suerte de corriente eléctrica corriendo por la piel a una velocidad tan alta que es incalculable, la garganta seca y la ineludible e inminente sensación de peligro. Llegué a rememorar físicamente las protestas en las que he participado, el problema es que logro sentir esa sensación porque la he vivido en carne propia, una sensación que vivo y rememoro por asociación más que porque la vivo a través de la película.


Otro tema interesante es el del villano, que parece ser "el sistema". El director parece querer señalar que hay más que algunos buenos hombres dentro de esa maquinaria villanesca gubernamental y que es trabajo de todos, como socierad, asegurarnos de que el sistema funcione de manera justa y adecuada, lo cual es apreciable y me parece un punto de vista maduro, aunque no es muy diferente a lo que Sorkin plantea en prácticamente todos sus trabajos desde el principio de su carrera como escritor dentro de la industria.


Ahora, ¿El villano es el sistema o es eso solo una pantalla? Es muy poético (y fácil) pensar que los sistemas políticos y económicos son maquinarias malévolas que quieren oprimir al proletariado, o la clase trabajadora, o a la gente buena, o... (inserte aquí cualquier grupo social oprimido). Sin embargo nos solemos encontrar con que en realidad este no suele ser el caso.


Los sistemas (en todas sus formas) son conceptos imaginarios que utilizamos para englobar la complejísima realidad de las sociedades funcionales de las que formamos parte, pudiendo así reducir esta realidad a ideas simples y fáciles de digerir. Uno de los problemas que conlleva esa fácil digestión es que, en ese proceso de traducción simplista, se suelen perder los detalles y matices que justamente hacen de la idea una concepto complejo. El resultado de esta simplificación termina siendo en la reducción de estas ideas complejas a frases que se repiten tantas veces que se terminan convirtiendo en verdad, sobre todo en niches sociales o subculturas, frases como "el capitalismo es bueno porque el socialismo es esclavitud", la cual ni comienza ni termina de explicar que es el capitalismo, que es el socialismo y por qué uno es "bueno" y el otro es "malo".


Dicho esto, en mi opinión los "sistemas" son estructuras inertes, incapaces de actuar por sí mismos, lo que significa que necesitan de personas para funcionar y no me refiero a personas que controlen la estructura, si no que la estructura es la sociedad en sí. No puede existir un sistema si la mayoría de la sociedad se encuentra fuera del mismo.


Tomando esto en cuenta, es una verdad ineludible es el que siempre habrá gente que intentará sacarle el mayor provecho posible al "sistema", haciéndolo desde cualquier posición de poder a la que tenga acceso y sin importar el estrato social en el que se encuentren estos individuos, desde el barrio más marginal, hasta la oficina con mayor fuerza política.


Algunas de estas personas en posiciones de poder se beneficiarán con fines personales y egoístas y otras con fines que apuntan más al bien común, incluso aparecen de vez en cuando los que actúan de manera desinteresada. En cualquier caso, muchas veces sucede que estas posiciones de poder no son visibles al público general pues no solo se limitan a oficinas o puestos gubernamentales, si no que también estamos hablando gente que cuenta con diferentes formas de capital, como pueden ser el dinero, la influencia o alimento. Los ejemplos son prácticamente interminables.


Estas personas que se encuentran de alguna manera entre las sombras son las formas de poder a las que Sorkin parecería señalar, por lo menos así parece en mi interpretación. Las fuerzas que actúan sin ser vistas, pues quieren mantener su estado de anonimato, no muy diferente a como sucede en "Últimos Días de la Víctima" (1982) de Adolfo Aristarain, donde las figuras de poder son las que toman las decisiones y dan las órdenes y, aunque sean de alguna manera la fuerza motriz de la causalidad, nunca son vistas ni por el espectador, ni por los personajes. Ahora bien, su existencia es indiscutible.


Aún el "sistema" pueda tender hacia el mal (lo cual siempre será una cuestión de perspectiva o de punto de vista) hay personas que están listas a tomar las decisiones correctas, dispuestas a defender lo que hay que defender y decir alto cuando hay que decir alto, como lo hace Richard Schultz, el personaje de Gordon-Levitt, quien es una persona decente tratando de hacer el trabajo que se le encomienda, a pesar de que ese trabajo choque con algunos de sus ideales. No se ustedes, pero yo puedo empatizar y entender su realidad y el dilema que enfrenta este personaje.


Y hablando de dilemas, no puedo dejar de preguntarme, ¿Qué tan importante es la veracidad histórica? Quiero decir, no hay duda alguna de que se tomaron licencias artísticas en pos del drama y en pos del mensaje que el director quiere transmitir, pero, ¿Hasta que punto esas licencias son aceptables? ¿Cuándo la tergiversación de los hechos reales se convierte en demasiado, llegando a devaluar el valor de la película? Quizás la tergiversación no importa siempre y cuando se lleve hacia adelante una agenda con una intención positiva. No estoy de acuerdo con esto último, pero no puedo pretender que no es una opción viable.


Dicho todo lo dicho, es irrefutable que "The Trial of the Chicago 7" es un serio contendiente para el circuito de festivales del 2021, incluyendo los Oscars, a quienes les encantan estas películas tamizadas. Ya veremos que sucede.


Una buena película, a pesar de su falta de personalidad autoral, con un mensaje alentador y que, por lo menos a mí, me hizo sentir y pensar, que es lo que más valoro en un producto audiovisual. No es una gran obra de arte, pero si estás buscando entretenerte un buen rato, es una buena opción para ver.


Jorge Gadea


Ficha técnica:


Título original: The Trial of The Chicago 7

Fecha de estreno: 25 de Septiembre 2020

Directores: Aaron Sorkin

Género: Drama político

Protagonistas: Eddie Redmayne, Alex Sharp, Sacha Baron Cohen, Jeremy Strong, Mark Rylance,

John Carroll Lynch, Yahya Abdul-Mateen II, Joseph Gordon-Levitt, Frank Langella

Guionistas: Aaron Sorkin

Producción: Stuart M. Besser, Matt Jackson, Marc Platt, Tyler Thompson

Música: Daniel Permberton

Fotografía: Phedon Papamichael

Edición: Alan Baumgarten

Diseño de Producción: Shane Valentino

Diseño de Vestuario: Susan Lyall

Casting: Francine Maisler

Idioma: Inglés

Duración: 129 minutos


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